Oíd el Canto de los Guerreros del Mucujún

Oíd el Canto de los Guerreros del Mucujún

En el Homenaje a la Resistencia Indígena, 12 de Octubre de 2003

José J. Contrerasi

Contaba el antiquísimo cuento del bisabuelo que ya pu’ayá en los tiempos remotos, indios Mocanarey fuyeron pa’rriba, pa’l páramo, pa’ las alturas de las carrerías de Caribay, las alturas del Ches. Bueno entonces fuyeron pu’ayá dizque pa’ enterrase en el útero de la tierra sagrada, ¿no?, en los mintoyes, que los llamaban. Y que los que se quedaban fuera se horcaban. Todo pa’ no convertise a la cristiandá, porque después quién respetaría a los taitas de la laguna… Quién… Quién…

Los Frailes no los encontraron, pero lo consideraron suicidio, ergo, infierno. Villamizar y Bastidasii razonaron y lanzaron sus hipótesis en las que ora los entierros masivos fueron sinónimos de escondite, ora fueron algunos que murieron mientras estaban escondidos, ora fueron sacrificios a los dioses, ora no existieron… Sino que lo de los entierros es una forma de resistencia en la psique interior de nuestros campesinos andinos…

Sí, seguramente fueron al infierno, sí… Seguramente fue estrategia, o error, o sacrificio, sí… Y seguramente fue resistencia también… Resistencia… Re-Existencia indígena…

Don Tulio no entendió porque el único que peleó fue Murachí…

Pero es que los guerreros del Mucujún Se enterraron

Se enterraron…

Se enterraron y se hicieron entierro.

Y desde allí resisten. Resisten en las altas horas de las noches frías del empinado Ande. Resisten en el espanto que atemoriza. En el espanto que encrespa en los encrespados páramos lúgubres de El Ande.

En los pueblos andinos, un entierro es una aparición proveniente de la tierra. Proveniente de la misma tierra de aquí y de la de las profundidades de los duendes del abismo de Arapuey. Proveniente de la tierra que cuida San Isidro…

En nuestra cultura, la andina, los entierros piden, o quizás ordenan, su desentierro… Y penan hasta lograrlo…

Don Tulio se equivocó, Murachí no fue el único valiente, no…

Él sólo luchó en el mismo campo del conquistador… Sólo eso… y quizás por escaramuza.

Los otros lucharon regresando a la tierra, enterrándose para atemorizar a los descendientes de los Mucus, los veladores de la señorita mayor de los primeros Chibchas. Atemorizándolos para que los desentierren…

Los guerreros del Mucujún resistieron a la hispanidad. Preñaron en fornicación adúltera a la Iglesia, la casta, la apostólica, la romana… Y concibieron a San Rafael, a San Benito, a La Candelaria, a San Isidro, hijos todos del Arco Iris. Del Arco Iris que rapta catiritos y pelirrojos. Preñadita quedó en temerosas noches de espantos, maracas y luces de entierros…

De ésta íntima relación surgió nuestra cultura andina, la campesina, que creció del semen Mucu, de la matriz Católica Romana y del orgulloso, pretensioso y cornudo padre español… Pero padre a fin de cuentas.

– o –

Y entonces, llegó la modernidad, la venezolana, con su falta de tierra, con su mundo importado, con su naturaleza urbana.

Y sus luces… Tan deslumbrantes… Artificiales… Luces engañosas y mentirosas, pero luces. Luces que esconden la luz del entierro. Luces que ocultan el espanto. Luces que vencen el temor ingenuo.

Y su ruido, modernidad bullanguera, que opaca el susurro suplicante enterrado…

Modernidad cobarde que alumbra oscuranas encendiendo “suiches”.

Modernidad cobarde y todopoderosa… Desterrada…

Modernidad caduca que teme dormirse por miedo a escuchar el hechizo pretérito de Tibisay en las entradas de El Valle, El Valle Grande, de Carrasco y los Alisares…

Fuerte es el árbol que resiste al viento; fuerte es la roca que resiste el río; fuerte es la nieve de nuestros páramos que resiste el sol.

Pelead guerreros; pelead, valientes; mostraos fuertes, como los árboles, como las rocas, como las nieves de la montaña”iii

Hechizo de resistencia… ¿no?

En nuestra cultura, los entierros espantan a muchos, pero se reservan sólo para unos pocos que tienen la posibilidad de desenterrarlos…

Sólo aquellos que cuenten con la sinceridad apropiada en el momento de la reverencia…

Oíd el canto de los guerreros del Mucujún” dijo la hechicera pu’ayá…

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i E-mail: joaquin@ula.ve

ii Villamizar, Thania; y Bastidas, Luis. Historia y Oralidad en los Campesinos de Mérida. En Mérida a través del tiempo. Los antiguos habitantes y su eco cultural. Compiladora: Jacqueline Clarac de Briceño. Consejo de Publicaciones. Universidad de Los Andes. Mérida. 1996.

iii Don Tulio Febres Cordero. La Hechicera de Mérida. “Los Mitos de los Andes”, Mérida, 1900.

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Oíd el Canto de los Guerreros del Mucujún

Asiria, XX -III – MMIII D.C.

Asiria, XX -III – MMIII D.C.

En el principio era la arena
Arena bañada en el agua
Agua que la encerraba
Agua que la delimitaba
Afuera, la nada
Adentro, entre el Tigris y el Éufrates, yacía Asiria… Babilonia… Occidente

En Asiria, la arena se erguía en torres que alcanzaban los cielos
En Asiria, las flores yacían inermes en los cielos, enraizadas en el aire…

Arena y Aire, Cielo y Tierra
Arena y Agua, Agua y Tierra

Según un cuento que proviene de los abuelos de los abuelos de mis abuelos, en Asiria los dioses se petrificaban en oro y se hacían carneros. Dicen que en Asiria, las serpientes poseían a los hombres y se transformaban en sus lenguas…

Según los abuelos, un día cayó una torre con miles de serpientes que se transformaron en lenguas y poseyeron a los hombres…

Y Asiria se hizo Babilonia…

Dicen los abuelos que las serpientes confundieron a los hombres y éstos conocieron el bien y el mal… Y mucha desolación cundió en Ur, y en Gish-Shir-Gal, y en Uruk, y en E-kur.

Y llegó el día en que los hombres, para que no brotaran las serpientes, hicieron silencio y oraron en sus templos… A su tiempo, Ea, el Dios de lo Correcto, encomendó a su hijo Marduk para que develara el dominio de las leyes. Leyes que permitieran a los confundidos hombres subyugar sus lenguas, destruir a los hacedores del mal, iluminar la tierra, proteger al débil y, finalmente, permitir el bienestar de la humanidad…

Y así nació la palabra humanidad…
Así nació la Humanidad.

Hamurabi, ordenado por Bel y poseído en su espíritu, escribió el código y con él instituyó la Ley escrita. Escrita en piedra como la esencia perdurable de las leyes inspiradas. Escrita en piedra porque de la Arena provienen los dioses de la Tierra.

El Código de Hamurabi talló en piedra el juicio. Y desde allí, la humanidad creyó en el juicio y en la prueba. Desde allí para que un hombre fuese culpable debía ser probado.

“Si alguien acusa a otro, y lo maldice, más no
puede probarlo, entonces el acusador deberá
ser condenado a muerte”

Desde allí, todo hombre debía dar su palabra, como juramento, para que la justicia reinara. Desde allí… las serpientes fueron subyugadas…

Con el tiempo vinieron hombres inspirados como el Rey David, Sócrates, Cicerón, Tomás, Rousseau y Jefferson. Hombres que inspiraban a los hombres y subyugaban sus lenguas…

A su tiempo, el código develado a Hamurabi realizó su consumación y las serpientes fueron completamente subyugadas. Fue el tiempo en que, por una vez, se hizo auto-evidente que todos los Hombres habían sido creados iguales… Como era en el principio, antes de los tiempos de las serpientes, cuando la arena se erigía en torres que se enterraban en los cielos….

Marduk ha cumplido su misión y ha regresado a Ea…

Y las serpientes, entonces, regresaron y poseyeron a los descendientes de Jefferson y prepararon nuevas torres con poderosísimas serpientes que se contaban en setenta veces siete. Y las montaron en sus carros de fuego, en sus dragones malditos y en sus monstruos marinos. Y las lanzaron entre el Tigris y el Éufrates para destruir a Asiria, a Babilonia, a Occidente…

¡Hagamos Silencio!

Oremos…

26 Marzo 2003 – Venezuela

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Asiria, XX -III – MMIII D.C.