11, 12, 13 y 14 de Abril de 2002… Mi relato tras quince años.

José J. Contreras

11

Parecía un día normal, pero no, no lo era. Serpenteé la cola desde la Valle-Coche, tomando la Francisco Fajardo hasta la altura de Los Ruices. Escuchaba Informe RCR y hablaban de una marcha o una concentración en Chuao (no recuerdo) frente al edificio de PDVSA (el que otrora fuera el edificio de la Shell). También hablaban del venidero Mundial de Fútbol que se realizaría en cosa de un mes en Corea y Japón. Nada fuera de lo normal, más allá de una tensión, unos silencios, unos guiños que insinuaban otra cosa.

Pasé por EPA, luego por la planta de la Polar y llegaba al edificio de Maploca. Allí funcionaba el Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT) y el Fonacit. Y, nada, comencé a trabajar. Un día dentro de la normalidad de esos días: revisando proyectos, preparando puntos de cuenta, una que otra reunión. Aunque progresivamente las miradas se tornaban nerviosas, las reuniones se fueron cancelando, las cornetas arreciaban.

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Concentración opositora en Chuao. 11 de Abril de 2002

Bajé a planta un par de veces. Pasaba por la Dirección de Comunicaciones que quedaba allí, cerca del Despacho del Ministro y en donde tenían un par de televisores (no era común todavía que en todas las oficinas hubiese un televisor). Uno de los equipos sintonizaba Globovisión siempre. El otro podía tener algún otro canal, con frecuencia VTV. Veía cómo iba la cosa con lo de la marcha convocada por la Oposición que parecía tener más fuerza de lo normal, cosa que ya era bastante. Mientras venía de la Dirección de Comunicaciones, vi que salían caminando un viceministro y dos de sus directoras. Me les pegué. Iban a tomarse un café y aunque no recuerdo si me invitaron, al final estaba yo con ellas y él tomándome el café en un restaurancito que quedaba metros más arriba.

También allí había un televisor. Todos los canales se encadenaban cuando iba a hablar algún representante de la oposición. Cosa que, recuerdo, ocurría a cada rato. Entonces, cada vez que iba a hablar alguno de los líderes opositores, VTV llamaba a Cadena Nacional. El viceministro comentó que eso era lo que se esperaba. Y no hablaron mucho más, supongo que porque estaba yo allí. Un café muy silencioso viendo el juego entre cadenas oficialistas y opositoras.

Más tarde me llamó el Gerente General del Fonacit y me pidió que mandara a mi gente para su casa. La marcha había salido de Chuao y se dirigía hacia el centro de la ciudad. Pasé por las distintas oficinas del personal a mi cargo y les solicité que se retiraran a sus casas, “que nos veíamos mañana”.

Pasé por Comunicaciones, otra vez. No había nadie aunque el televisor con Globovisión seguía prendido. Me fui a mi oficina, revisé un par de cosas pendientes y me fui a la casa. Llegué de día, cosa muy extraña para mí en aquellos tiempos. Prendí el televisor, el control lo tenía dañado, así que estaba allí parado cambiando entre VTV y Venevisión. Así estaba, tratando de leer rostros, sin escuchar mucho lo que decían. En algún momento pasaban unas imágenes desde un puente que llamaban Puente Llaguno y unos hombres disparaban. Decían que estaban matando a la gente de la marcha. Y yo recuerdo que pensé que esos carajos nos habían acabado la revolución… Seguí viendo TV. En algún momento mientras observaba las caras en VTV, estaban un grupo de líderes reconocidos, un desconocido que tomaba el micrófono, les hacía señas para que demostraran fortaleza… Esas señas salían por cámara. Malo, muy malo. Y empezaron a hablar. Luego ruido, tumbaron la señal… Habían sacado a VTV del aire.

Al rato, en alguna televisora privada mostraron cómo el Comandante Chávez entraba a un edificio de Fuerte Tiuna. Lo presentaban como si se estaba entregando. Me fui a dormir. Era ya la madrugada del 12 de Abril de 2002.

12

El 12 me desperté, me puse un jean y una franela (normalmente iba a la oficina en traje y corbata) y me fui para el MCT. Allá en Los Cortijos, al lado de la Polar. El ministerio lo tenían cerrado. Al parecer habían unos guardias adentro, pero la verdad no los vi. Afuera estaban Yadira Córdova y Marta Rodríguez quienes para el momento eran directoras del MCT. Me quedé un rato con ellas recibiendo a los trabajadores que iban a su oficina. A todos les decíamos que el lunes 15 regresaran y ya veríamos qué hacíamos.

Particularmente sentía que Yadira estaba devastada con la situación. Intentábamos darle ánimo, le decíamos que íbamos a volver, que en cosa de cuatro o cinco años volveríamos y sería indetenible… Ella era más cautelosa y nos recordó el caso de Chile… Guardamos silencio. En algún momento hablamos del episodio de Puente Llaguno y ella nos hizo ver que a ellos les estaban disparando. Porque, “obviamente, se estaban protegiendo”. Cierto.

Al rato llegó el Dr. Iván Danilo López quien era el presidente del Fonacit. Lo dejaron entrar al MCT, buscó algo en su oficina y volvió a salir. Le preguntamos que qué había adentro y nos dijo que estaba un guardia y que la oficina la tenía tomada un señor que era del Despacho del entonces ministro. Creo que era su jefe de protocolo. Así era el Ministerio de Ciencia y Tecnología del momento, un viejo edificio alquilado que podía ser tomado por un guardia y un jefe de protocolo.

Me fui al rato, cuando dejaron de llegar trabajadores. Busque una muda de ropa y me fui para Maracay. Soy de allá. En Maracay, busqué a mi novia (hoy mi esposa) y nos fuimos a almorzar al restaurant La Taormina (sitio que frecuentaba de niño con mis padres). Comí espagueti o pasticho, no recuerdo, pero sí era espagueti era con salsa boloñesa. Eramos los únicos en el restaurant, junto al mesonero y el cajero. Ninguno despegaba los ojos del televisor. Ya en televisión se mostraba que estaban persiguiéndonos. Mi sobrino (Sergio David Contreras) me escribió un mensaje de texto para preguntarme cómo estaba. Le respondí “Ok”.

La verdad es que yo ni hablaba. Mi novia me increpaba, me preguntaba que qué me pasaba. Yo simplemente no hablaba y no despegaba los ojos del televisor. En algún momento, mi novia me hizo ver que había dejado el tenedor a mitad de camino. Terminé de comer. Mi novia me dijo que nos fuéramos para casa de una tía muy querida. Yo asentí sin pensarlo. Craso error. Nos fuimos a casa de una familia furibunda de oposición. Estaba con ellos en el momento en que transmitían la lectura del Decreto de Carmona que suspendía las funciones de los diputados de la Asamblea y destituía a los Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia… Sólo susurré que era una dictadura. Uno de mis primos gritó eufórico que así es que tenía que hacerse. Pasaban la escena de la captura de Rodríguez Chacín, eso no me afectó mucho. Luego pasaron la escena de la captura de Tarek William Saab, esa sí me dejó sin aliento. Están capturando a los poetas, pensé, y recordé a Roque Dalton y las manos de Victor Jara. Comenté que algunos de los familiares chavistas podían ser perseguidos. La respuesta del primo fue tajante “¡Que se jodan!”.

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Por esos momentos, me llamó Sergio David y me volvió a preguntar que cómo estaba. Le respondí que bien y que estaba en Maracay. Me dijo que él me iba a ayudar. Sonreí y le di las gracias. Sé que lo hacía con toda sinceridad, aunque quería rechazar su ayuda, pero sabía que nuestra relación familiar estaba muy por encima de nuestras diferencias políticas. En otro momento contaré de aquel día en que Sergio David se hizo opositor y yo me hice chavista. Quiso la Fortuna que estuviésemos juntos y ambos nos hicimos militantes furibundos. Pero ese relato lo dejaré para otra oportunidad.

Y bien, por más que lo intento no recuerdo más de ese día 12.

13

Me desperté en mi casa, en San Miguel. Me puse unos bermudas, una camisa blanca y salí. Iba a desayunar donde mi novia que estaba haciendo pasantías en Maracay y vivía en casa de su hermana. Al salir me encontré con una tía que era vecina. Me dijo que a Chávez lo tenían en La Placera. Al encontrarme la Av. Mariño veo pasar un carro con una pinta que decía “Lo tienen secuestrado”. Me dije en voz alta, “¡Comenzó la Resistencia!” y me dirigí a La Placera.

Al acercarme, un grupo de jóvenes tenían grifin blanco y estaban rayando carros. Se quedaron viéndome esperando mi reacción y les hice señas de que rayaran todo el carro. Y así lo hicieron. Terminé de llegar, estacioné en la isla y me llegué a la puerta de la 42 Brigada de Infantería Paracaidista de Maracay y a la que simplemente conocemos como “La Placera” los maracayeros. Habríamos unas 60 personas en ese momento. Vi las caras a ver si distinguía a alguien conocido. Pero nada, la verdad es que para ese tiempo ya tenía yo más de 10 años fuera de Maracay y pues ya no estaba allí. Me encontré, sí, con una señora de la Alcaldía fui a saludarla pero se me perdió. Luego no vi a nadie más conocido.

Tenían un megáfono. Algo intentaban con el icónico aparatico, pero se perdía el sonido en un lugar tan abierto. Era ya mediodía. Al ratico llegó una camioneta Ford 150 de las viejas con un sonido (es decir, con unas cornetas). Y empezaron a perifonear desde allí. Mejoró la cosa. Fue llegando más gente. En sólo un momento eramos ya como doscientos a pleno sol del Abril de mi Maracay. Al rato fue llegando más sonido y más sonido.

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El pueblo concentrándose en La Placera

La gente se fue arrechando porque no veían al gobernador, que en aquel tiempo era Didalco Bolívar. Y gritaba que “dónde coño está Didalco”. Uno de los compañeros que estaba allí en algún momento conversando conmigo me dijo que el sonido era de la gobernación y que iban a traer una tarima, pero que el gobernador estaba escondido en ese momento. Pensándolo bien, le dije, tiene razón. En efecto, al poco rato llegó una tarima que la colocaron en la entrada de La Placera, al lado contrario de donde está ahorita una placita para recordar eso que hicimos aquel día.

Y llegaba más y más gente. En un momento me fui a comprar un helado (no había agua recuerdo). Cuando pagué el helado, la vendedora me tomó mi mano entre sus dos manos, esperó que yo la mirara y me dijo directamente a los ojos “Gracias por estar aquí con nosotros”… “Espero estar con usted señora, ayer, hoy y siempre” quisiera decirle hoy.

Al rato me monté en mi carro y pasé por casa de mi novia. Se me había quedado el celular en su casa y no había podido avisarle que estaba en La Placera. Cuando llegué le grité desde abajo. Ella estaba en un segundo piso, no había que gritar mucho. Se asomó. Vi que no estaba nerviosa, cosa que me extrañó. Y me dijo “¿Estabas en La Placera, verdad?”. Me reí y le dije que sí. Me dijo que subiera a comer. Le dije que no, que se viniera ella y me acompañara. Esta vez se río ella y me preguntó que si estaba loco que subiera y lo viera por televisión. TVS estaba mostrando algunas cosas. Pero yo me negué. Y regresé.

Estacioné esta vez en la acera, cerca del IPSFA. Me acerqué a la tarima y estaban eufóricos. Una compañera informaba que los comandos motorizados habían tomado ya RCTV. En algún momento nos informaron que diversas guarniciones no reconocían a Carmona Estanga como presidente y que habían llamado al General Baduel para manifestarle su adhesión. Pasaron un par de autobuses Blue Bird con muchachos en sus ventanas invitando a que nos fuéramos para Caracas. Al ratico dijeron desde la tarima que la orden del General Baduel era que nos quedáramos allí y que no nos fuéramos para Caracas. Que esperáramos.

Me llegué hasta la feria de comida de San Jacinto. Me comí un shawarma en el sitio de siempre. Si no recuerdo mal estaba saliendo ya VTV al aire pero sólo con audio. Todavía estaba la pantalla negra. Tengo la idea de que estaba viendo la televisión cuando volvió la señal. Pero no estoy seguro, puede estarme jugando la memoria. Lo que sí recuerdo claramente es que aproveché de quedarme sentado un rato porque, ¡Dios!, estaba muy cansado. Me comí el shawarma, me tomé un refresco (creo que una frescolita) y descansé un rato viendo televisión. Ya se estaba haciendo de noche.

Regresé a La Placera, a esa hora eramos miles los que estábamos allí. Mientras caminaba cerca de la cerca me llamó un soldado que estaba de guardia y me pidió que le comprará unos cigarrillos. En seguida lo llamó un superior y lo reprendió. Le dije que se los iba a buscar… Pero la verdad es que no se los llevé, que pena. Creo que se me olvidó hasta hoy que hago memoria…

Un par de veces pasaron hojas con listas en la que nos anotábamos los reservistas. Hoy día, pensándolo bien, no hubiese puesto mi nombre allí, porque eso no servía de nada. En cualquier momento si nos necesitaban lo que tenían que hacer era llamar a formación a los reservistas por la tarima y así proceder a entrar a la Brigada. Pero no sé, lo cierto es que un par de veces me llegaron las hojas y las dos veces la firmé. Eramos un gentío prestos a tomar nuevamente las armas.

Por esos momentos ya entrada la noche pensé que “parecía toche, que lo que estábamos era sirviendo de escudos humanos”. Y recuerdo también que pensé que si eso era lo que tocaba ese día, pues eso era lo que tocaba, punto. Recordé a José Arcadio Segundo cuando se encontraba con la muchedumbre en el episodio de la Masacre de las Bananeras y volví a decirme que si eso era lo que tocaba, tocaba, punto.

En algún momento la gente de la tarima no tenía más nada que decir, y prendieron un televisor chiquito (como de 13”) y se sentaron a ver televisión en la tarima.

Al rato fui a mi casa para ir al baño. Pasé por El Piñonal, San José, Urbanización Girardot y San Ignacio para ver cómo se veía la cosa. La gente, en las calles, la gente chavista por supuesto. Yo iba con Alí Primera a todo volumen, repitiendo en un bucle “Abran la Puerta”. Llegué a la casa y me quedé conversando un rato con el vigilante, poniéndolo al día de cómo estaba la cosa en La Placera. Vi un rato de televisión de VTV. Ya estaban allí Romero Anselmi, Vladimir Villegas y creo que también estaba Danilo Anderson a quien no conocía para el momento. Vi un rato y anunciaron que ya habían rescatado al Comandante Chávez y que lo llevaban para Maracay…

¡Coooño! Me fui rapidito otra vez para La Placera. Ahora el ambiente estaba enaltecido. Espontáneamente nos pusimos a cantar el himno nacional, completico, como nos lo enseñó Chávez. Y llegó el helicóptero. Mientras pasaba el helicóptero saltábamos, saludábamos, cantábamos, lo que fuera. Pensábamos que el comandante saldría a conversar con nosotros allí en la tarima. Mucha, mucha gente grababa vídeos… Y mucha gente también escuchaba unas emisoras de radio que yo no conseguía en mi radio… Les pregunté que qué emisora era esa y me dijeron (un par de veces) el dial pero yo no la conseguía.

Y fue así que vimos aterrizar el helicóptero a lo lejos. Veíamos las sombras de los que bajaban. Una de ellas debía ser la silueta de Chávez. Y nos quedamos esperando que saliera el comandante… Se calmó un poco la cosa. Y de repente vimos como volvía a despegar el helicóptero, dio una vuelta sobre nosotros y se fue… Y nos quedamos pensando que qué había pasado… ¿Y Chávez?.

Fue allí cuando salió el General Baduel y se dirigió a nosotros. Nos dijo que los paracaidistas eran una fuerza de avanzada profunda y eso nos lo repitió dos veces. Que el comandante Chávez iba de vuelta a Miraflores. Que pensó en salir a saludarnos allí en Maracay pero que debía volver a Miraflores lo más rápido posible. Era un asunto táctico prioritario. Eso lo entendió la militancia, aunque los que estábamos en Maracay nos quedamos con la ilusión de ver personalmente al comandante recién rescatado. Baduel también nos dijo que al comandante lo habían golpeado, que el médico lo había examinado y que no era de gravedad, pero que estaba golpeado… Chávez nunca mencionó públicamente nada de ese asunto, por el contrario.

Baduel nos pidió que nos fuéramos tranquilamente para nuestras casas que el presidente se iba a dirigir a la nación por televisión. Y así ocurrió.

Cuando iba ya saliendo se me acercaron dos chicas con ese color bonito de la gente de mi Maracay. Una de ellas, la más simpática, me pidió la cola y se sentó conmigo en el asiento de adelante. Me dijo, con ese acento meloso de las maracayeras, que hacía rato me había estado observando y que se preguntaba que qué hacía yo tan solito por allí. Me eché a reír y las llevé para el 23 de Enero, donde vivían. Para el bien de mi familia actual, menos mal que Carmona Estanga fue bastante efímero.

Llegué a la casa, escuché a Chávez. Pero no recuerdo si lo escuché completo. Me quedé dormido. Ya era 14.

14

Desperté con la llamada de mi tía querida. Me pidió disculpas por la euforia del 12 y me dijo que los canales de televisión sólo mostraban comiquitas el 13. Me paré y fui a la panadería Super Rialto. Tomé un marrón y comí un taquito de queso (un hojaldre). Me monté en el carro y conducí vía Turmero tomando por la Av. Aragua. Seguramente iría al Samán de Güere, sí, de seguro iría allí, a renovar el juramento del 83. A renovar el compromiso. Pero no, poco antes tomé el retorno. Compré flores, entré al cementerio, me dirigí a la tumba de mis padres, le puse agua al jarrón, coloqué el ramo y fue entonces cuando por fin, lloré.

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Monumento del Samán de Güere
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11, 12, 13 y 14 de Abril de 2002… Mi relato tras quince años.