La tradición tras “Caracas ciudad de despedidas”

Sorprende el revuelo que ha causado el cortometraje “Caracas Ciudad de Despedidas” de Ivanna Chávez y Javier Pita. Me enteré de este vídeo al verlo tres días seguidos de tendencia en Twitter. Por supuesto, no es que estaba allí por su calidad porque la verdad es que el corto está bastante majunche. Hay poca ilación, desvaríos y ni hablar de la dicción. Lo que nos llama la atención allí es otra cosa. ¿Qué es?

Entre tantas cosas que han salido por ahí la reflexión más seria, en mi opinión, es la del camarada José Roberto Duque colgada en su blog e intitulada “Ciudad de despedidas, ciudad dividida“. Dice Duque “Caracas no es una sola, así que eso tampoco es la juventud caraqueña: es apenas el fragmento de una especie de tribu caraqueña o urbana, de clase media o con aspiraciones de serlo”. Según Duque, esta pequeña tribu son fascistas en formación y gracias al desarrollo de la lucha de clases que se está viviendo en Venezuela, con el tiempo, desaparecerá.

La cosa no es tan simple. La formación del pueblo venezolano se ha visto marcada por la lucha entre dos discursos contrapuestos, discordantes, enfrentados el uno al otro, pero reunidos en torno a un mismo ente al que llamamos “Venezuela”. Uno de estos discursos es el que llama a formar un pueblo con identidad propia. Se trata de permitir el despliegue de nuestra endogeneidad a partir de aquello que nos es más propio. Es decir, desde este discurso la búsqueda es por desplegar nuestra venezolanidad. El otro discurso llama a europeizarnos, a civilizarnos, a ser como ellos. En el último, se trata de que progresaremos cuando por fin lleguemos a ser como es Madrid, Londres, París o Nueva York. Ese es nuestro destino. Dejaremos de ser “colonia” cuando seamos igualititos a las metrópolis.

Esta dialéctica estuvo allí presente el 19 de Abril de 1810 y contribuyó al bochinche que desbarató la Primera República. Estuvo allí en La Cosiata. Fue tema principalísimo de discusión a principios del siglo XX. Muchísisima mejor realizada que “Caracas, Ciudad de Despedidas” lo fue “Ídolos Rotos” de Manuel Díaz Rodríguez y publicada en 1901. En ella, Soria -el protagonista- es un artista que sueña con París. Es un desarraigado, descomprometido con su pueblo, un apátrida pues que no siente pertenencia a  Caracas. Al final, en medio de una revolución, Soria decide emigrar mientras pronuncia lapidante: Finis Patria. Para el tiempo en que Díaz Rodríguez escribe “Ídolos Rotos”, Venezuela vivía la Revolución Liberal Restauradora con Cipriano Castro a la cabeza.

En 1905, Tulio Febres Cordero publicó su “Don Quijote en América” que en mi humilde opinión es una magistral expresión artística de la dialéctica discursiva a la que aquí nos referimos. Dos personajes escenifican esta lucha: Santiago y Policarpo. Santiago regresa al país y lo redescubre en sus caminos, pueblos y personas. Policarpo copia hasta el ridículo el fulano progreso extranjero. Él sólo quiere irse y despotrica hasta el cansancio de su patria. Al final, Santiago se establece y hace familia en Mapiche, un pueblo de la Venezuela profunda. Policarpo emigra, o sea.

Nosotros debemos comprender que es en esta dialéctica que nos hemos conformado como pueblo. Ciertamente en las distintas tribus encontraremos predominio de uno u otro discurso. Por supuesto, que en la oposición encontraremos más gente que quiera emigrar que en el chavismo. Pero en el chavismo también queremos ser como ellos y en la oposición veremos a más de una catirita que aplaude cuando aterriza el avión tal y como le han dicho que nosotros hacemos.

La cosa es bastante más compleja que la lucha de clases de la ortodoxia marxista. Ambos discursos sobre Venezuela están de principio en nuestra cultura. Para ir más allá de ellos, quizá más que una síntesis haga falta una trascendencia. Hace algún tiempo le dediqué un rato al tema y escribí un ensayo con más detalle que está aquí disponible.

¿Qué son fascistas los sifrinitos estos? No, no lo son. Ese concepto no nos atañe. Ellos no tienen un proyecto de limpieza étnica para conformar una nación pura, ni proyecto alguno.  Ellos sólo son optimistas en que algún día podrán limpiar a Caracas de su gente y quedársela sólo para ellos y sus amigos. Y ¿sabe qué? si tienen la oportunidad de hacerlo lo harán sin miramientos.

Pero, no se preocupe demasiado, lo más probable es que hagan lo que tienen siglos haciendo: ¡irse!.

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