Vamos a Organizarnos I

Vamos a organizarnos I
José J. Contreras

http://www.analitica.com/va/politica/opinion/6780110.asp

Viernes, 20 de diciembre de 2002

El presente artículo es continuación a otro intitulado Orden en la Pea publicado el 16 de diciembre de 2002 . La idea principal de ese artículo puede resumirse en la siguiente: Los venezolanos nos encontramos actualmente en estado de ebriedad. Ebriedad entendida como una irracionalidad dirigida por las pasiones. En este sentido, el artículo exige a los medios de comunicación un papel preponderante en el tránsito hacia el estado de sobriedad. Para ello, los medios de comunicación deben ejercer un papel crítico en el pleno sentido de la palabra. Es decir, la “crítica” debe entenderse más allá de la “censura de las acciones” para comprenderse dentro de las otras acepciones que tiene la palabra. En consecuencia, debe entenderse la “crítica” como “conjunto de opiniones expuestas sobre cualquier asunto” y por ello los medios de comunicación deben velar por comunicar todas las corrientes y visiones del mundo relativas al tema en discusión. Por otra parte, debe también recuperarse el sentido de “crítica” como “arte de juzgar la bondad, la verdad y la belleza de las cosas”. Los medios de comunicación de masas venezolanos al no presentar diversos puntos de vista basados en argumentos lógicos y coherentes soportados sobre premisas con carácter de verdad, impiden el desarrollo de la capacidad de juicio de los receptores. Como resultado, toma lugar una verdad a medias y tergiversada que da paso a un estado de ebriedad colectivo en el que millones de personas se encuentran movidos ciegamente por las pasiones y manipulados según los intereses y visiones del mundo de los centros de poder mediático.

De lo anterior surgía un llamado a los medios de comunicación a decir la verdad… Y aquí se empieza a poner peliagudo el asunto en discusión… ¿Podemos hablar de una verdad única o de una verdad plural?, ¿cómo podemos discernir entre diversas opiniones y visiones del mundo en una discusión política?, ¿cuáles son los criterios mínimos para aceptar un argumento como válido en una discusión?…

Se trata de una discusión que rebasa las limitaciones de tiempo y espacio con los que contamos. Sin embargo, intentaré colaborar con algunos puntos para organizar la discusión… ¡Vamos a organizarnos, vamos a organizarnos!, como dice el famoso chiste muy repetido en las fiestas de ebrios.

En primer lugar, creo que es importante recalcar lo siguiente: la discusión política es inherentemente humana y toca lo más preciado a la sociedad, el bien común. Por ello, no podemos, ni debemos, reducir la discusión a la presentación de los hechos concretos quitándoles cualquier valoración a los mismos… Quizás el lector recuerde aquellas noticias que trasmitían las televisoras venezolanas justo después de los sucesos del 13 de abril de este año. Algunas acudían a canales extranjeros. Otras repetían las noticias del canal del Estado. Pero había un tipo de noticia que me llamó muchísimo la atención. Me refiero a una noticia silenciosa que mostraba sólo imágenes y finalmente sacaba un cartel con letras blancas y fondo negro donde decía el “Hecho”. Se trataba de un formato que intentaba reducir la noticia al hecho concreto sin ningún tipo de valoración, es decir lo que debía ser igual para todos, sin lugar a dudas. Quizás recuerde el lector que esta noticia parecía muerta…

Y tiene sentido que sea percibida como “noticia muerta” puesto que la discusión política al tocar lo más humano, i.e. el bien común, debe venir cargada de los valores morales y la visión del mundo de quienes discuten. Por ello, la discusión política debe expresar las diversas interpretaciones sobre lo que es bueno y malo, justo e injusto.

Ahora bien, ¿implica esto que deba aceptarse cualquier comentario?, ¿implica esto que, como lo político es una simple cuestión de interpretación, toda posición es válida?, ¿implica esto que pueda decirse lo que venga en gana puesto que la verdad es relativa y cualquiera puede interpretar lo que quiera?… Respuesta: ¡NO!

Más bien, implica un profundo compromiso por develar las diversas “caras” de la verdad, que no es lo mismo que decir “lo que venga en gana”. Al contrario, amerita trabajar en una ardua excavación, casi arqueológica, para descubrir sobre que bases y cimientos se sostiene una cierta posición. Me explico, si en un momento dado estuviera en discusión que “no deben existir empresas públicas”, la discusión no puede darse en términos de la repetición de su simple aceptación como verdad. Debe indagarse sobre los supuestos que subyacen a cada posición. Por ejemplo, la posición en contra de la existencia de empresas públicas es normalmente justificada debido a que éstas son ineficientes. Una exploración más profunda en esta posición posiblemente nos llevará a encontrar premisas basadas en el neoliberalismo. Bajo el punto de vista neoliberal, la competencia es el mecanismo para la interrelación social entre individuos. Aún más, la competencia puede desarrollarse plenamente si, y sólo si, las organizaciones son vigiladas por sus propios dueños quienes deberían procurar su efectividad y eficiencia. Las empresas públicas al ser de todos, no son de nadie, y por lo tanto al nadie vigilarlas se hacen ineficientes.

Esta visión del mundo es sólo una y no es la única. Puede pensarse, por ejemplo, en otra visión para la cual la nación debe desarrollarse industrialmente. En este sentido, el Estado, como organización en la que se encarna la nación, puede asumir la tarea de fundar y desarrollar empresas públicas que produzcan bienes que beneficien a toda la población. Parte de los beneficios producidos pueden dirigirse precisamente a fortalecer la industria nacional y la otra parte a satisfacer necesidades básicas de la población. Nótese que esta visión es muy similar a la del Estado Desarrollista que dominó durante muchos años en Venezuela.

Lo que hemos hecho se decanta en lo siguiente. En primer lugar debemos buscar unas pocas premisas que puedan ser aceptadas como verdad desde un punto de vista particular. A partir de estas, y siguiendo estrictas reglas lógicas, se pueden derivar argumentaciones que brindan sentido a cada posición particular. En el caso del punto de vista neoliberal, las premisas se basaron en la competencia como modo de interrelación social y en la propiedad privada como modo natural de propiedad. En consecuencia, las empresas públicas no tienen sentido dado que no son de propiedad privada y no generan mayor competencia. El resultado de una empresa pública bajo este contexto es la inevitable ineficiencia. El caso del Estado Desarrollista sigue un esquema similar de argumentación.

En resumen se trata de lo siguiente. Un modo de hallar “objetividad” en la transmisión de la información, y que no asesine la noticia, es mostrando con la mayor claridad posible los supuestos en los que se soporta una información. Se trata de develar el fondo que le da sentido al hecho particular. Dicho de otro modo, se trata de hacer explícito el contexto en el que un fenómeno particular adquiere significado. A este proceso es lo que comúnmente llamamos “interpretar”.

Por ello, la labor del moderador es precisamente moderar la interpretación. Según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), “moderar” significa: “Templar, ajustar, arreglar una cosa, evitando el exceso. Moderar las pasiones…”. El moderador tiene la misión de templar la discusión para que con una adecuada contextualización se pueda aprehender el significado de la posición expresada. Con ello, se podrá criticar en el sentido de hacer un juicio más certero con una visión más clara de las posiciones y los valores en conflicto. De este modo, se podrá incluso censurar con el criterio suficiente y necesario.

Podemos decir que el moderador debe velar porque:

1) Se haga explícito el contexto sobre el cual se asume una posición.
2) Se utilicen premisas que puedan ser aceptadas como verdaderas desde un punto de vista.
3) Se argumente coherentemente y de manera lógica.
4) Se confronten diversas interpretaciones del fenómeno en discusión.
5) Se brinde igualdad de condiciones para la expresión y discusión de cada interpretación.

Como resultado podrá obtenerse una discusión mucho más rica, que permita el desarrollo de la facultad del juicio para discernir lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto. Sólo así, podremos superar la terrible y criminal desinformación en la que estamos envueltos.

¿Habrá alguien, que posea un megáfono apropiado, con el genuino interés por rescatar la esencial facultad humana del sano juicio?

email:joaquin@ula.ve

 
Vamos a Organizarnos I

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