¡Sapere Aude!

¡Sapere aude!
José Joaquín Contreras

http://www.analitica.com/va/politica/opinion/6269284.asp

Jueves, 7 de noviembre de 2002

Desde el día 14 de Octubre tengo una inquietud que, aunque no podré calmar, al menos podré templar un poco con estas líneas. Se refiere al mensaje del Editorial del Diario “El Nacional” de ese mismo día, intitulado “La Respuesta del Gobierno”.

Como posiblemente el lector recuerde, el día 10 de Octubre la así llamada “Coordinadora Democrática” convocó a una marcha de los diversos factores de la oposición que lanzó un ultimátum al Gobierno Nacional para que, por una parte, convocara a elecciones (o en su defecto un referéndum) y, por la otra, renunciara el Presidente de la República. Tres días más tarde, el 13 de Octubre, el sector afecto al Gobierno también marchó, en la misma avenida en que se había reunido la oposición, demostrando que el Presidente mantiene un gran apoyo popular. Algunos dicen que en esta última marcha hubo tres millones de personas, no lo sé, pero quedaba claro que había un volumen humano que al menos debía medirse en centenas de miles de venezolanos… Al día siguiente, el 14 de Octubre, el Diario “El Nacional” adjetivó a estas personas como el “mismo lumpen de siempre… con un bollo de pan y una carterita de ron…”.

“Lumpen” es un sustantivo que funciona también como adjetivo. Proviene del alemán y se refiere a la clase social más baja, aquella clase desposeída y desenraizada de conciencia de clase y cultura. El sustantivo y adjetivo “lumpen” por sí mismo no tiene porque ser descalificativo, pero usado en el contexto y con la intencionalidad expresada en el Editorial de “El Nacional”, funciona de esa manera. Es decir, “lumpen”, en ese Editorial, debe ser leído como lo interpreta el Prof. Hernán López Garay: “chusma andrajosa, harapienta” (ver ¿Por Qué Marché el Domingo? ) publicado también en el Diario Frontera de fecha 17 de Octubre de 2002).

Que un medio de comunicación social con la importancia que “El Nacional” tiene para la nación venezolana, se dirija con esta descalificación a un sector vasto de la población de su país es objeto de inquietud y por ello creo que se hace necesario dedicar una pequeña reflexión al respecto…

El diario “El Nacional” es una organización moderna, manejada por profesionales de una altísima calificación, de eso no hay duda… Es de suponer que su Comité Editorial es lo mejor de lo mejor… Por ello creo que no hay que simplificar la situación simplemente tildándolos de “¡Golpistas!” Creo que la pregunta debe más bien estar dirigida a inquirir por las condiciones de posibilidad para que el Comité Editorial de uno de los diarios más importantes de la nación pareciese salirse de sus cabales y descalificar, como lo hizo, a una vasta población compatriota.

Repito, el diario “El Nacional” es una organización moderna y como tal ha sufrido los vaivenes de la Modernidad. Su personal es profesional y calificado. Es decir que su personal, en especial el responsable de preparar la noticia, ha estudiado y cumplido con diversos niveles de una educación superior moderna (seguramente 3er y 4to nivel). Pero resulta que la educación moderna, como la hemos entendido en las postrimerías de la Modernidad, es una educación impregnada y dominada por la “racionalidad instrumental”.

Por “racionalidad instrumental” entendemos aquel discurrir dirigido sólo a discutir sobre los posibles medios a utilizar para alcanzar algún fin (racionalidad fines-medios). Los fines como tales no son discutidos, esos ya vienen dados. En nuestro caso, es decir el de Venezuela como país periférico de la Modernidad, el fin ya viene dado por la Globalización, como estado final de Progreso y Desarrollo, y la coronación mundial del Neoliberalismo. Debido a que la Globalización es el estado final de la Humanidad y como con ésta se finaliza la Historia, entonces no hay más que considerar: La Globalización del Neoliberalismo es el fin último a seguir y sobre eso no hay discusión…

Los profesionales de “El Nacional”, así como la gran mayoría de los profesionales de Venezuela y del mundo, hemos sido formados (in-formados) bajo esta visión… Hemos entendido que nuestra misión, es decir aquello que debemos ejercer y profesar (ojalá pudiera decir “profesionar”), es la búsqueda por las mejores técnicas para mejorar el desempeño de las organizaciones y, en consecuencia, colaborar con el crecimiento económico…

Las profesiones llamadas Humanísticas se han encuadrado bajo esta visión y han alineado sus áreas de conocimiento bajo el norte del Desarrollo y la Globalización. La Comunicación Social ha sido también dominada por esta racionalidad instrumental y se convirtió en su principal medio de propagación (el tema ha sido ampliamente discutido, ver por ejemplo el Artículo de Ibsen Martínez intitulado Del Vilipendio Neoliberal de la Política de fecha 29 de Enero de 2000 y publicado en “El Nacional”, también el artículo de Jesús Martín Barbero, intitulado La Comunicación Plural: Paradojas y Desafíos en la revista Nueva Sociedad No. 141 de fecha Noviembre – Diciembre de 1995).

Pero resulta que la Razón va mucho más allá que aquella limitada racionalidad instrumental que nos ha venido dominando desde los tiempos de la Revolución Industrial. Resulta que la Razón se subleva contra la posibilidad de concebir todo como un instrumento. La Razón se subleva contra la posibilidad de concebir todo como algo que se “usa”, que “se compra y se vende”. La Razón se subleva contra la posibilidad de banalizar la sociedad en única y exclusivamente un mercado.

La Razón reclama ser Práctica, pero no en el sentido instrumental de lo práctico. La Razón reclama ser Práctica en el sentido tradicional y moral de “preguntarse por diversos fines”. La Razón reclama cuestionar la Globalización del Neoliberalismo como único camino a seguir. La Razón reclama no cuestionar el Desarrollo que tanta igualdad ha pregonado y tanta desigualdad ha creado en Venezuela.

Pero también la Razón exige ser Teórica. Es decir, la Razón exige cuestionar el modo en que apreciamos el mundo. La Razón nos exige que debatamos el Mercado como única sociedad posible. La Razón nos exige que critiquemos, aunque sea sólo por mero ejercicio intelectual, la industrialización, el crecimiento económico, la liberalización de mercados y el desarrollo tecnológico como aquello que nos hace más humanos.

Como se puede deducir de lo anterior, la Razón no puede ser sólo Teórica, Práctica o Instrumental sino que se conforma en sus continuas, imbricadas y esenciales interrelaciones de las unas con las otras. Me explico, no puede haber una Razón Práctica que no sea impregnada de los medios necesarios para alcanzar los fines. Asimismo, no puede haber una Razón Instrumental que no se nutra de los fines que justifican sus medios… Ambas no pueden ser la una sin la otra… y es en esa relación que se devela su autenticidad. Lo mismo ocurre con la Razón Teórica y la Práctica… No pueden concebirse visiones del mundo sin los fines morales a los que ellos apuntan, ni viceversa… Tener en cuenta estas relaciones recursivas y esenciales entre estos, digamos, “momentos” de la Razón es lo que permite acercarse a una visión de Razón Holística.

Sólo un interés de emancipación podría brindarnos la posibilidad de rescatar una Razón en su sentido Holístico. Creo que sólo un genuino y auténtico interés de este tipo nos podría brindar la posibilidad de apreciar el mundo en su auténtica diversidad y no en la diversidad truculenta y manipulada de los artículos de compra y venta del mercado neoliberal. Sólo un interés emancipatorio nos podría brindar posibilidades de ver otros fines y apreciar otros mundos. Sólo un interés emancipatorio propio y auténtico podría brindar la posibilidad de rescatar ese ideal de “virtud y honor” que pregonamos de marcha en marcha en nuestros versos patrios y la posibilidad de crear un pueblo venezolano auténtico.

Abrigo la esperanza de que el “lumpen” chavista, en su ignorancia por haber sido excluidos del sistema, este desenraizado de la cultura neoliberal. Abrigo la esperanza de que el “lumpen” chavista, en sus harapos, no tenga conciencia de clase simplemente porque, en su exclusión, no puede ser el proletariado industrial o el lumpemproletariado. Abrigo la esperanza de que el “lumpen” chavista resguarde el sentido antiguo de la palabra inglesa “Lump”, es decir: “mayoría que no puede ser dividida en partes, que se mantiene entera, que se agrupa sin discriminación”. Abrigo la esperanza de que el “lumpen” chavista no pierda el impulso constituyente que se pregunta por fines y abre espacios para otros mundos, como el de los pueblos indígenas. Abrigo la esperanza de que el “lumpen” chavista, en su ingenuo bolivarianismo, rescate nuevos ideales de “Moral y Luces” en la caminata rodriguiana de la Razón y la utopía zamorana de la igualdad de los Hombres.

También guardo el anhelo de que esa parte de la oposición que no actúa de mala fe, es decir, de aquellos que se oponen no porque quieran mantener el sistema de hipocresías, robos y desigualdades en que se convirtió la sociedad venezolana de los últimos tiempos… Repito, resguardo el anhelo de que la oposición que no actúa de mala fe (y espero, por el honor del finado Miguel Otero Silva, que el Comité Editorial de “El Nacional” sea uno de ellos), logre emanciparse de su racionalidad instrumental y planteé nuevas posibilidades de Humanidad ante un discurso desarrollista y globalizante excluyente y desgastado. Guardo el anhelo de que la oposición que actúa de buena fe, venza el miedo que proviene del resquebrajamiento del Industrialismo y la Globalización y no culminé en una cacería de brujas como la otrora ocurrida en el pueblo norteño de Salem o aquella que vivimos un desafortunado doce de abril…

Resuenan en Venezuela el amor y el terror de las palabras que promulgó Emmanuel Kant en 1784 en su artículo periodístico intitulado ¿Qué es la Ilustración?:

“¡Sapere Aude! ¡Tenga el Coraje de Servirse de su Propia Razón!”

email:jose_j@lycosmail.com

 
¡Sapere Aude!

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